Desde el momento en que se concibió, Nagami fue el resultado de “la pasión e incluso casi la obsesión por el diseño y por impulsar un cambio en el mismo”. Este anhelo no solo apuntaba a innovar en formas arquitectónicas, sino también a reinventar los modos de producción aplicables al interiorismo contemporáneo.
En 2013, Manuel Jiménez García asumió la dirección de un laboratorio en The Bartlett School of Architecture (UCL, Londres), donde surgió una idea revolucionaria: emplear robots industriales como herramientas de impresión a gran escala. Como lo expresa Manuel, “se me ocurrió que a lo mejor utilizando robots industriales podíamos desarrollar un sistema de impresión de gran formato…”. Esta intuición fue decisiva: transformó un escenario donde la impresión 3D todavía estaba limitada a prototipos desktop, y sentó las bases para una ejecución real y funcional en diseño.
La investigación derivada de esa idea tuvo un éxito notable: en apenas dos años, la propuesta atrajo el interés del Centro Pompidou de París, que encargó piezas para su colección permanente y para la mayor exposición de impresión 3D celebrada hasta entonces. Este hito no solo validó el enfoque técnico de Nagami, sino que también marcó su transición del laboratorio académico a un referente en la intersección del diseño, la técnica y la arquitectura.
Este relato ofrece a los profesionales del interiorismo una perspectiva valiosa: la conjunción de conocimiento académico, visión técnica y pasión creativa puede llegar a redefinir la materialidad de los espacios. Al transformar robots en impresoras de grandes dimensiones, Nagami no solo desafía los límites de escalado, sino que propone una nueva manera de concebir mobiliario, revestimientos o instalaciones adaptadas a necesidades específicas.
La frase “la pasión e incluso casi la obsesión por el diseño” sugiere que el origen de la innovación no proviene de respuestas prácticas, sino de unas ganas profundas de experimentar. Esa obsesión, unida al dominio técnico, fue lo que permitió explorar nuevas geometrías tridimensionales y contextualizarlas en ambientes reales.
Asimismo, la autoconstrucción de sistemas robotizados otorga a Nagami un control integral sobre todo el ciclo creativo: desde la concepción digital hasta la fabricación física. En la práctica, esto significa que un estudio de interiorismo puede, al asociarse con tecnologías de impresión de gran formato, materializar piezas únicas con precisión técnica y coherencia estética. La clave está en integrar la visión creativa con el dominio tecnológico, como ha ejemplificado Nagami desde su concepción.
En definitiva, este fragmento revela cómo una idea gestada en un laboratorio académico puede tener impacto real en el mundo del diseño actual. Desde la ambición inicial —ser capaz de trasladar formas digitales al mundo real de manera “coherente y efectiva”— hasta el encargo internacional que selló esa capacidad. Es un viaje que fusiona disciplina, técnica y pasión, y que redefine lo que hoy podemos entender como diseño avanzado dentro del panorama del interiorismo.
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